martes, 31 de mayo de 2016

Ejemplo de una Reseña





Título: Frankenstein o el moderno prometeo
EDITORIAL: Anaya
ISBN: 978-84-66785-36-5
Autor: Mary W. Shelley
Páginas: 160



Frankenstein o el moderno prometeo

El origen de la novela del monstruo de Frankenstein es casi una historia en sí misma, por lo que trataremos de resumirlo en lo posible. George Gordon Byron, conocido como Lord Byron y John Polidori, su médico personal, se instalaron durante una temporada en Ginebra, Suiza. El diecisiete de junio de 1816 celebraron una reunión junto a Percy Bysshe Shelley, su esposa, Mary Wollstonecraft Shelley, la hermanastra de esta, la condesa Potocka y Matthew Lewis. Tras celebrar una apasionante velada de lectura de relatos alemanes de fantasmas, Lord Byron desafió a modo de apuesta al pequeño grupo a crear la historia más terrorífica que se les ocurriese. No se conoce si todos lograron cumplir la apuesta salvo en dos casos: Mary Shelley y John Polidori con Ernestus Berchtold o el moderno Edipo, que al final quedó totalmente ensombrecida por la obra que ahora nos ocupa: Frankenstein o el moderno Prometeo.




La encontraras completa en el siguiente Link
http://reseña.org/frankensteinoelmodernoprometeo-maryw-shelley-97/

jueves, 12 de mayo de 2016

Realismo Mágico



Una vez Gabriel García Márquez dijo: Mi problema más importante era destruir la línea de demarcación que separa lo que parece real de lo que parece fantástico. Porque en el mundo que trataba de evocar, esa barrera no existía. Pero necesitaba un tono inocente, que por su prestigio volviera verosímiles las cosas que menos lo parecían, y que lo hiciera sin perturbar la unidad del relato. También el lenguaje era una dificultad de fondo, pues la verdad no parece verdad simplemente porque lo sea, sino por la forma en que se diga.

domingo, 1 de mayo de 2016

Escritor Martín Adán; escritor vanguardista.


El señor Martín Adán quien escribió la “casa de cartón” quien relata los amores que tuvo el en su etapa de desarrollo. Se caracterizó por  su forma de introducir elementos modernos a sus producciones literarias.


La casa de Cartón.

" Mi primer amor tenía doce años y las uñas negras. Mi alma rusa de entonces, en aquel pueblecito de once mil almas y cura publicista, amparó la soledad de la muchacha más fea con un amor grave, social, sombrío, que era como una penumbra de sesión de congreso internacional obrero. Mi amor era vasto, oscuro, lento, con barbas, anteojos y carteras, con incidentes súbitos, con doce idiomas, con acecho de la policía, con problemas de muchos lados. Ella me decía, al ponerse en sexo: Eres un socialista. Y su almita de educanda de monjas europeas se abría como un devocionario íntimo por la parte que trata del pecado mortal.

(...)
Mi segundo amor tenía quince años de edad. Una llorona con la dentadura perdida, con trenzas de cáñamo, con pecas en todo el cuerpo, sin familia, sin ideas, demasiado futura, excesivamente femenina... Fui rival de un muñeco de trapo y celuloide que no hacía sino reírse de mí con una bocaza pilluela y estúpida. Tuve que entender un sinfín de cosas perfectamente ininteligibles. Tuve que decir un sinfín de cosas perfectamente indecibles. Tuve que salir bien en los exámenes, con veinte - nota sospechosa, vergonzosa, ridícula: una gallina delante de un huevo-. Tuve que verla a ella mimar a sus muñecas. Tuve que oirla llorar por mí. Tuve que chupar caramelos de todos los colores y sabores. Mi segundo amor me abandonó como en un tango: Un malevo...
Mi tercer amor tenía los ojos lindos, y las piernas muy coquetas, casi cocotas. Hubo que leer a Fray Luis de León y a Carolina Ivernizzio. Peregrina muchacha... no sé por qué se enamoró de mí. Me consolé de su decisión irrevocable de ser amiga mía después de haber sido casi mi amante, con las doce faltas de ortografía de su última carta.
Mi cuarto amor fue Catita. 

Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior, a repostería, a pan caliente, olores superpuestos y, en sí mismos, individualmente, casi desagradables, como las capas de las tortas, jenjibre, merengue, etcétera. La suma de olores hacía de ella una verdadera tentación de seminarista. Sucia, sucia, sucia... Mi primer pecado mortal. “

Martín Adán.